La primera vez que la vio supo que era la mujer de su vida. Cuando una amiga en común los presentó, el flechazo fue inmediato. Seis años después, a los 23 años, Claudio Roselló le propuso a Silvia Castillo que unieran sus vidas para siempre. Y durante 17 años más compartieron esperanzas, sueños y proyectos. Fruto del amor, nacieron tres hijos. Pero todo se derrumbó cuando dos delincuentes se cruzaron en su camino, el 13 de diciembre de 2009, y acabaron con la vida de Silvia.

Cuando se casaron, Claudio y Silvia vivieron en una casa ubicada en el barrio Gente de Prensa, propiedad de los padres de ella. Con mucho esfuerzo, consiguieron sumar el dinero suficiente para, por primera vez, comprar la vivienda propia, en el barrio Parque Ciudad, hace tres años. Allí regresaban hace un año desde una fiesta familiar, cuando los delincuentes intentaron asaltarlos.

Después de 23 años juntos, Claudio pasó por primera vez una Navidad sin su mujer. Y tuvo que esforzarse para no quebrarse ante sus hijos, que sufrían la pérdida de la madre. Cuando las campanas marcaban el nacimiento del Niño Dios, Gonzalo, el hijo del medio, soltó tanto dolor contenido y durante una hora no hubo consuelo para el adolescente.

Durante el verano, la investigación judicial y la búsqueda de los principales sospechosos del asesinato de Silvia, de alguna manera, distraían los recuerdos. Visitas a los fiscales, marchas frente a la sede penal de Tribunales y el apoyo de la gente que lo reconocía en la calle, eran como un bálsamo para el dolor.

El arresto de Sebastián "Garrón" Romero coincidió con el inicio de las clases. Tal vez encontrarse con los compañeros les iba a permitir a los chicos sobrellevar el duelo. Pero fue en ese preciso momento, al agotarse la vorágine de la repercusión del asesinato de su esposa, cuando Claudio comenzó a sentir más fuerte la ausencia.

Los Roselló volvieron a vivir en la casa del barrio Gente de Prensa. Allí están los amigos de la infancia de los chicos y muy cerca viven sus abuelos y su tío Miguel Castillo (h).

Pero Claudio miró a su lado cuando todo parecía que se calmaba, y se sintió solo. Sabía que estaban su familia, sus amigos,y la sociedad, que hizo suyo el drama por el crimen de Silvia. "Pero en ese momento me cayó la ficha. Y sentí como nunca su ausencia", contó.

Las secuelas del trágico intento de asalto los siguen marcando cada vez que salen en auto. Claudio comentó que los chicos están atentos a los vehículos que pasan al lado suyo, o preguntan por qué frenó o se demoró en arrancar luego que el semáforo dio la luz verde. "Salimos a una fiesta y, al volver, tenemos miedo, aunque haya un policía custodiando la casa", dijo Roselló.

A un año de que Silvia dejó de estar con ellos físicamente, los recuerdos afloran permanentemente. "Por ahí uno cree que está un poco mejor, pero llega esta fecha y te tira abajo la estantería", comentó Claudio. "Trato de sacar la cabeza del agua y, cuando estoy mejor, me quiebro. Y esta época me revuelve todo", confiesa don Miguel Castillo, el padre de Silvia.

Hoy, recordarán a Silvia en un marco más íntimo. Con una misa que se realizará a las 20 en la iglesia San Martín de Porres, estarán acompañados por familiares y amigos.